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viernes, 24 de febrero de 2017

1 de marzo: Miércoles de Cenizas 2017


Misas:
- Capilla Cristo Redentor 18:30 hs.;
- Capilla Cristo Peregrino 18:30 hs.;
- Capilla Nuestro Señor de la Buena Esperanza 20 hs;
- Capilla Nuestra Señora del Carmen 20 hs.


Sugerimos a las comunidades reunirse los viernes a rezar el Vía Crucis.







miércoles, 22 de febrero de 2017

Mensaje de Cuaresma “La Palabra es un don. El otro es un don”

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA CUARESMA 2017


La Palabra es un don. El otro es un don

Queridos hermanos y hermanas:
La Cuaresma es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua de Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte. Y en este tiempo recibimos siempre una fuerte llamada a la conversión: el cristiano está llamado a volver a Dios «de todo corazón» (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor. Jesús es el amigo fiel que nunca nos abandona, porque incluso cuando pecamos espera pacientemente que volvamos a él y, con esta espera, manifiesta su voluntad de perdonar (cf. Homilía, 8 enero 2016).
La Cuaresma es un tiempo propicio para intensificar la vida del espíritu a través de los medios santos que la Iglesia nos ofrece: el ayuno, la oración y la limosna. En la base de todo está la Palabra de Dios, que en este tiempo se nos invita a escuchar y a meditar con mayor frecuencia. En concreto, quisiera centrarme aquí en la parábola del hombre rico y el pobre Lázaro (cf. Lc 16,19-31). Dejémonos guiar por este relato tan significativo, que nos da la clave para entender cómo hemos de comportarnos para alcanzar la verdadera felicidad y la vida eterna, exhortándonos a una sincera conversión.
1. El otro es un don
La parábola comienza presentando a los dos personajes principales, pero el pobre es el que viene descrito con más detalle: él se encuentra en una situación desesperada y no tiene fuerza ni para levantarse, está echado a la puerta del rico y come las migajas que caen de su mesa, tiene llagas por todo el cuerpo y los perros vienen a lamérselas (cf. vv. 20-21). El cuadro es sombrío, y el hombre degradado y humillado.
La escena resulta aún más dramática si consideramos que el pobre se llama Lázaro: un nombre repleto de promesas, que significa literalmente «Dios ayuda». Este no es un personaje anónimo, tiene rasgos precisos y se presenta como alguien con una historia personal. Mientras que para el rico es como si fuera invisible, para nosotros es alguien conocido y casi familiar, tiene un rostro; y, como tal, es un don, un tesoro de valor incalculable, un ser querido, amado, recordado por Dios, aunque su condición concreta sea la de un desecho humano (cf. Homilía, 8 enero 2016).
Lázaro nos enseña que el otro es un don. La justa relación con las personas consiste en reconocer con gratitud su valor. Incluso el pobre en la puerta del rico, no es una carga molesta, sino una llamada a convertirse y a cambiar de vida. La primera invitación que nos hace esta parábola es la de abrir la puerta de nuestro corazón al otro, porque cada persona es un don, sea vecino nuestro o un pobre desconocido. La Cuaresma es un tiempo propicio para abrir la puerta a cualquier necesitado y reconocer en él o en ella el rostro de Cristo. Cada uno de nosotros los encontramos en nuestro camino. Cada vida que encontramos es un don y merece acogida, respeto y amor. La Palabra de Dios nos ayuda a abrir los ojos para acoger la vida y amarla, sobre todo cuando es débil. Pero para hacer esto hay que tomar en serio también lo que el Evangelio nos revela acerca del hombre rico.
2. El pecado nos ciega
La parábola es despiadada al mostrar las contradicciones en las que se encuentra el rico (cf. v. 19). Este personaje, al contrario que el pobre Lázaro, no tiene un nombre, se le califica sólo como «rico». Su opulencia se manifiesta en la ropa que viste, de un lujo exagerado. La púrpura, en efecto, era muy valiosa, más que la plata y el oro, y por eso estaba reservada a las divinidades (cf. Jr 10,9) y a los reyes (cf. Jc 8,26). La tela era de un lino especial que contribuía a dar al aspecto un carácter casi sagrado. Por tanto, la riqueza de este hombre es excesiva, también porque la exhibía de manera habitual todos los días: «Banqueteaba espléndidamente cada día» (v. 19). En él se vislumbra de forma patente la corrupción del pecado, que se realiza en tres momentos sucesivos: el amor al dinero, la vanidad y la soberbia (cf. Homilía, 20 septiembre 2013).
El apóstol Pablo dice que «la codicia es la raíz de todos los males» (1 Tm 6,10). Esta es la causa principal de la corrupción y fuente de envidias, pleitos y recelos. El dinero puede llegar a dominarnos hasta convertirse en un ídolo tiránico (cf. Exh. ap. Evangelii gaudium, 55). En lugar de ser un instrumento a nuestro servicio para hacer el bien y ejercer la solidaridad con los demás, el dinero puede someternos, a nosotros y a todo el mundo, a una lógica egoísta que no deja lugar al amor e impide la paz.

La parábola nos muestra cómo la codicia del rico lo hace vanidoso. Su personalidad se desarrolla en la apariencia, en hacer ver a los demás lo que él se puede permitir. Pero la apariencia esconde un vacío interior. Su vida está prisionera de la exterioridad, de la dimensión más superficial y efímera de la existencia (cf. ibíd., 62).
El peldaño más bajo de esta decadencia moral es la soberbia. El hombre rico se viste como si fuera un rey, simula las maneras de un dios, olvidando que es simplemente un mortal. Para el hombre corrompido por el amor a las riquezas, no existe otra cosa que el propio yo, y por eso las personas que están a su alrededor no merecen su atención. El fruto del apego al dinero es una especie de ceguera: el rico no ve al pobre hambriento, llagado y postrado en su humillación.
Cuando miramos a este personaje, se entiende por qué el Evangelio condena con tanta claridad el amor al dinero: «Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero» (Mt 6,24).
3. La Palabra es un don
El Evangelio del rico y el pobre Lázaro nos ayuda a prepararnos bien para la Pascua que se acerca. La liturgia del Miércoles de Ceniza nos invita a vivir una experiencia semejante a la que el rico ha vivido de manera muy dramática. El sacerdote, mientras impone la ceniza en la cabeza, dice las siguientes palabras: «Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás». El rico y el pobre, en efecto, mueren, y la parte principal de la parábola se desarrolla en el más allá. Los dos personajes descubren de repente que «sin nada vinimos al mundo, y sin nada nos iremos de él» (1 Tm 6,7).
También nuestra mirada se dirige al más allá, donde el rico mantiene un diálogo con Abraham, al que llama «padre» (Lc 16,24.27), demostrando que pertenece al pueblo de Dios. Este aspecto hace que su vida sea todavía más contradictoria, ya que hasta ahora no se había dicho nada de su relación con Dios. En efecto, en su vida no había lugar para Dios, siendo él mismo su único dios.
El rico sólo reconoce a Lázaro en medio de los tormentos de la otra vida, y quiere que sea el pobre quien le alivie su sufrimiento con un poco de agua. Los gestos que se piden a Lázaro son semejantes a los que el rico hubiera tenido que hacer y nunca realizó. Abraham, sin embargo, le explica: «Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces» (v. 25). En el más allá se restablece una cierta equidad y los males de la vida se equilibran con los bienes.
La parábola se prolonga, y de esta manera su mensaje se dirige a todos los cristianos. En efecto, el rico, cuyos hermanos todavía viven, pide a Abraham que les envíe a Lázaro para advertirles; pero Abraham le responde: «Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen» (v. 29). Y, frente a la objeción del rico, añade: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto» (v. 31).
De esta manera se descubre el verdadero problema del rico: la raíz de sus males está en no prestar oído a la Palabra de Dios; esto es lo que le llevó a no amar ya a Dios y por tanto a despreciar al prójimo. La Palabra de Dios es una fuerza viva, capaz de suscitar la conversión del corazón de los hombres y orientar nuevamente a Dios. Cerrar el corazón al don de Dios que habla tiene como efecto cerrar el corazón al don del hermano.
Queridos hermanos y hermanas, la Cuaresma es el tiempo propicio para renovarse en el encuentro con Cristo vivo en su Palabra, en los sacramentos y en el prójimo. El Señor ―que en los cuarenta días que pasó en el desierto venció los engaños del Tentador― nos muestra el camino a seguir. Que el Espíritu Santo nos guíe a realizar un verdadero camino de conversión, para redescubrir el don de la Palabra de Dios, ser purificados del pecado que nos ciega y servir a Cristo presente en los hermanos necesitados. Animo a todos los fieles a que manifiesten también esta renovación espiritual participando en las campañas de Cuaresma que muchas organizaciones de la Iglesia promueven en distintas partes del mundo para que aumente la cultura del encuentro en la única familia humana. Oremos unos por otros para que, participando de la victoria de Cristo, sepamos abrir nuestras puertas a los débiles y a los pobres. Entonces viviremos y daremos un testimonio pleno de la alegría de la Pascua.
Francisco




martes, 9 de febrero de 2016

MISA -- MIÉRCOLES DE CENIZA


18:30hs, Capilla Ntro. Sr. de la Buena Esperanza

20:00hs, Capilla Ntra. Sra. del Carmen


miércoles, 3 de febrero de 2016

Mensaje de Cuaresma del Arzobispo de Córdoba


El próximo 10 de febrero, miércoles de ceniza, comenzaremos la cuaresma. Como sabemos, se trata de un tiempo de gracia, es decir, un tiempo en donde la iniciativa amorosa de Dios llega hasta nosotros de un modo especialmente rico y que interpela fuertemente nuestra libertad.
El Papa Francisco nos invita a vivir con especial intensidad esta cuaresma dado que estamos transitando el “jubileo extraordinario de la misericordia” convocado por él. La misericordia no es sino el amor de Dios que se abre compasivo y generoso a nuestra fragilidad.
El mensaje del Santo Padre hace mención de un texto evangélico que ha marcado su experiencia espiritual. Es el de la vocación del apóstol san Mateo: Mt. 9, 9-13. Un notable comentarista de dicho texto señaló que el Señor Jesús: “lo miró con misericordia y lo eligió (a san Mateo)”. El santo Padre eligió ese comentario como su lema episcopal, que lo acompaña también hoy como sucesor de Pedro.
Providencialmente, el texto elegido por el Papa y propuesto en su mensaje cuaresmal es el mismo que luego del discernimiento llevado a cabo en el consejo presbiteral, en el consejo pastoral arquidiocesano y en el consejo episcopal, hemos elegido para que anime el itinerario de nuestra Arquidiócesis durante elaño 2016.
La escena evangélica nos muestra a un hombre sentado a la mesa de recaudación de impuestos, a un publicano. Los que pertenecían a ese grupo de personas tenían muy mala fama en Israel por su condición de “colaboracionistas” con el poder imperial que había sometido al pueblo elegido y porque en el desempeño de sus funciones eran más bien deshonestos y se aprovechaban del pueblo.
Jesús pasa junto a la mesa del publicano y lo mira. Mirándolo lo llama. Mateo deja lo que tiene entre manos, se levanta y sigue al Maestro. El llamado del Señor y la respuesta incondicional constituyen para el publicano un camino de purificación. Mateo “misericordiado” por el Señor, como le gusta decir al Papa, se convierte a su vez en instrumento de misericordia: invita a otros publicanos a comer a su casa junto a Jesús.
El gesto de compartir la mesa tiene un hondo significado para el Señor y para los publicanos. Señala que Jesús ha venido para todos, que todos lo necesitan, que Él no hace discriminaciones de ningún tipo y que compartiendo la mesa con los pecadores los está llamando e invitando a abrir el corazón para sanarlos. Lo que importa es el corazón del hombre y su apertura confiada a la misericordia Dios.
La escena evangélica nos está señalando un espíritu y un camino para vivir nuestra cuaresma. También nosotros tenemos que dejarnos mirar por el Señor que pasa por nuestras vidas. Tenemos que dejarnos querer. Se trata de una experiencia fundamental y que no debemos suponer con facilidad. Es preciso abrir el corazón, aceptar el amor del Señor, “darle permiso” para que nos quiera. Él no desea otra cosa: “Yo estoy junto a la puerta y llamo: si alguien oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaremos juntos…” (Apoc. 3, 20).
El amor del Señor está totalmente impregnado de misericordia.  Nosotros tenemos que reconocer nuestra fragilidad y dejarnos perdonar. El perdón del Señor procede de su amor, no es humillante, denigrante, al contrario es generoso, abundante y sobre todo dignificador.
Que hermoso si durante esta cuaresma nos acercamos con estas disposiciones al sacramento de la reconciliación, si aprovechamos las celebraciones penitenciales para confesarnos y reconciliarnos con Dios y con nuestros hermanos.
Pero también nosotros, como Mateo, tenemos que convertirnos en instrumentos de misericordia. El Papa Francisco nos invita a conocer y a practicar las obras de misericordia, corporales y espirituales. El Catecismo de la Iglesia Católica puede ayudarnos a conocerlas y descubrir su importancia.
Entre las primeras, las corporales, en esta cuaresma quizás podemos privilegiar el compartir un plato de comida con el que carece de ella; el visitar a los enfermos. También puede ser una oportunidad para ejercitarnos en algo más exigente: el visitar las cárceles. No es una tarea sencilla, pero tampoco imposible. Tenemos que animarnos y, en todo caso, y como parte de esa obra de misericordia podemos tratar de visitar a quienes tienen algún familiar detenido.
Entre las obras de misericordia espirituales podemos destacar el rezar por todos, por sus necesidades; el aconsejar a quien lo necesita; el consolar a quien está atribulado; el perdonar al que nos ha ofendido. El ofrecer el perdón es una obra muy exigente, pero verdadera muestra de un corazón reconciliado y que quiere ser instrumento de misericordia. 
Recibamos agradecidos, queridos hermanos y hermanas, la gracia de la cuaresma y el regalo de la misericordia del Señor. Esforcémonos por ser “agentes de misericordia” para abrirnos a la renovación que el Señor quiere hacer en cada uno de nosotros y en todo su pueblo. Es una oportunidad para recordar la hermosa promesa que Dios hace a través del profeta Ezequiel: “Los rociaré con agua pura, y ustedes quedarán purificados… Les daré un corazón nuevo y podré en ustedes un espíritu nuevo… Infundiré mi espíritu en ustedes y haré que sigan mis preceptos… Ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios” (cf. Ez 36, 24-28).
¡Les deseo una cuaresma intensa para que podamos celebrar con un corazón verdaderamente nuevo la alegría de la Pascua! Me encomiendo a sus oraciones y los tengo presente en las mías. Reciban mi saludo cordial, en el Señor Jesús y su Madre Santísima.

+  Carlos  José  Ñáñez

Arzobispo de Córdoba



martes, 10 de marzo de 2015

Jornada “24 horas para el Señor”

"Dios rico en misericordia”, es el lema de la jornada de oración y confesión “24 horas para el Señor”, organizada por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización y convocada por el Papa Francisco en su mensaje para la Cuaresma 2015.

DURANTE EL VIERNES 13 Y SÁBADO 14, EN NUESTRA PARROQUIA, PERMANECERÁ ABIERTA LA CAPILLA NTRA. SRA. DEL CARMEN EN EL HORARIO DE 9HS A 21HS PARA TODOS LOS QUE QUIERAN ACERCARSE A REZA; TAMBIÉN HABRÁ, DENTRO DE LAS POSIBILIDADES, SACERDOTES DISPONIBLES PARA QUIEN DESEE CONFESARSE.



domingo, 8 de marzo de 2015

¡En Cuaresma Mojate!

La cuaresma es el tiempo de la preparación a la Semana Santa, es una invitación a la reflexión y al cambio de algunas actitudes que nos impiden crecer como personas y como cristianos.
Para que haya cambio en nuestra manera de ser, hay que actuar de manera comprometida y “mojarse con los problemas y necesidades de los demás”.

¡Dale Mojate!


sábado, 14 de febrero de 2015

Celebración Miércoles de Ceniza

Miércoles 18 de febrero

Zona A : Capilla Nuestra  Señora del Carmen a las 19 hs
                Capilla León XIII a las 19 hs
Zona B : Capilla Nuestro Señor de la Buena Esperanza a las 20 hs
Zona C : Capilla Cristo Redentor a las 19 hs